#Alternativa21 #NuevosRetosNuevosRostros

hashtag-1

Es tiempo de dibujar nuestro porvenir. Construir una nueva universidad donde confluyan distintas formas de pensamiento. Nuestras casas de estudios debe convertirse en espacios vivos con el encuentro permanente de todas y todos, como un pequeño país en movimiento, repleto de esperanza, desarrollo y progreso.

Porque el único objetivo político del corazón es la felicidad, la dignidad.

Entendemos que Nuevos Retos comprenden Nuevos Rostros, discursos y prácticas, porque un ejercicio renovado de construcción colectiva solo puede nacer al calor de las necesidades del presente.

Entendemos que es un trabajo de toda la comunidad universitaria barinesa: la unión necesaria para construir lo nuevo, para construir el futuro que todas y todos nos merecemos.

Construyamos junt@s. Es deber de cada uno, de cada una, conectarnos con la realidad de la ciudad, del estado, del país y del mundo. Caminemos hacia un horizonte amplio de esperanza, en un proyecto común, de largo aliento, desde los actores sociales más importantes para hacer país: la universidad y sus futuros profesionales.

Construyamos una alternativa organizacional; un poderoso tejido social estudiantil que convoque a la mayor cantidad de estudiantes posibles, creando una nueva forma de concebir el poder y la política; consolidemos un activo movimiento de pensamiento crítico (descolonial, bolivariano, feminista, ecológico, científico, pedagógico, cultural, atento a las luchas de la sexo-diversidad), un organizado equipo contralor de las políticas universitarias, conformando de esta manera una Nueva Cultura Universitaria que nos enseñe a creer en lo posible, en  nuevos liderazgos colectivos con la participación de todas y todos en una universidad llena de potencialidades hechas práctica, un espacio en el cual podamos hacer vida universitaria en actividades de distinto tipo, para todas las especialidades y carreras, una universidad en donde no haya solo pasillos para transitar sino todo un universo por descubrir y recorrer.

#Alternativa21 #NuevosRetosNuevosRostros

Anuncios

#CrónicasAgroUrbanas: Receta de los comunes

14615703_10210779037609556_35936240465395416_o

Surco es una forma de decir verso…

 

Bienvenidas, bienvenidos a #CrónicasAgroUrbanas, hoy prepararemos La receta de los comunes. Por favor despojarse de prejuicios culinarios y demás sinsabores preestablecidos.

Agregue a los hermanos Valladares, dos compas del barrio Mijaguas que iban pendientes de sembrar. Súmele un terreno pagando al lado del río Santo Domingo.

Como toda buena receta de los comunes, échele una pizca de conversa.

Póngale un conflicto: un dueño que se aparece luego de la hazaña de limpiar a punta de machete y escardilla todo el terreno.

Viértale una conversa bien sabrosa de qué hacer con la gente que tiene ganas de sembrar y el dueño que no ha sembrado y reclama su terreno; mezcle laboriosamente mucho del arte de entenderse y resolver.

Es decir, cantidades extraordinarias de política.

Verá cómo empieza a tomar forma la receta de los comunes.

Busque un ingrediente agro urbano, a través de una amiga, un amigo que esté activo con la movida de la comunidad, del territorio.

Cada componente irá tomando forma hasta que encontrará un espacio productivo que celebrará la tierra, así como los hermanos Valladares y el pana dueño del terreno, hoy amigos en la siembra, acompañados en emprendimientos conjuntos, comunes en el fruto del mañana.

 

 

Nota: esta breve y potente fórmula fue copiada directamente de lo real maravilloso que sucede en cada una de nuestras comunidades del país profundo. Se recomienda prepararla constantemente y tendrá nuevos resultados, dignos de revisar, modificar y agregarle lo propio de cada experiencia y así encontrar las mil fórmulas posibles de la receta de los comunes.

Nos vemos en el próximo programa.

Declaración de amor a Colombia

 

or-1971-agarres-iii-10231

 

Desde el título se teje el lugar desde el cual me enuncio para trazar estas líneas, es decir: el paisaje de los afectos.

“Declaración de amor a Colombia” sería el nombre que la escritora y crítica de arte argentino-colombiana Marta Traba le daría a uno de sus textos sobre arte contemporáneo; tampoco es casualidad que me acompañe una obra del artista, también colombiano, Omar Rayo.

Las señas de identidad que dimensionan la existencia material de un pueblo son tan complejas como difíciles de tejer en un solo modelo o burdo estereotipo, puesto que los sistemas expresivos de comunidades e individuos son tan numerosos como sus habitantes. Con esto quiero decir que colombianos, como venezolanos y el resto de los latinoamericanos son más que música moderna mezclada con matices de la raíz y mujeres bonitas.

Con esto también quiero decir que Colombia es más que violencia, paramilitarismo, narconovelas y guerra.

Cualquier ejercicio de diagnóstico, lectura o análisis sobre los resultados del plebiscito en el vecino país, no dejaría de ser un lugar común más de opinólogos y referentes de la Globalistán reflexiva que resulta la marea de información que se produce desde todos los espacios, tanto de usuarios de redes sociales —convertidos en los nuevos referentes en el devenir 2.0— como las cadenas de noticias del mundo.

Todos han acudido a señalar a un pueblo que supuestamente ha escogido mal su destino.

Los resultados que recién presenciamos son otro ejemplo del modelo fracasado de la democracia occidental. Una vía expedita para reconocer hasta dónde llega una maquinaria electoral en manos de un sistema construido por la cultura narcoparamilitar y la violencia. Más concretamente: el negocio mundial de la guerra.

La derrota del Si evidencia, revela el resultado concreto de una guerra cultural que emplea el miedo como el arma más poderosa de manipulación ¿Qué esperábamos? El mundo entero está siendo sometido a la mayor guerra psicológica de la historia de Occidente y Colombia no iba a ser la excepción.

Cuando el futuro está en juego y más del 60% del electorado se abstiene, paradójicamente, este sector se convierte en la población que escoge sin escoger, pues esta es víctima de lo que vendría a llamar el teórico Vicente Romano: “la formación de la mentalidad sumisa”; una franja de la población que viene a consumir toda la apología a la subordinación sembrada por la propaganda de guerra, que intimida por un lado, y la propaganda de manipulación y consumo de banalidad que modela indiferentes por el otro.

“La indiferencia legitima las arbitrariedades sociales” diría Pierre Bourdieu.

No es necesario señalar más desafueros en una sociedad tan golpeada y sobre todo tan desconocida por el resto de países del continente como la colombiana. Grandes esfuerzos han realizado nuestros pueblos al no permitir que un conflicto bélico de más de 50 años no se haya extendido más allá de sus fronteras. Y esta hazaña no se ha convertido en información viral; las proezas de los condenados de la tierra nunca ha sido buena publicidad.

Culpar por los resultados a colombianas y colombianos —que ha sido el discurso que pretende imponerse en la llamada opinión pública— vendría a ser el más craso error de interpretación, o mejor dicho, la óptica más conveniente de las élites, esto sería: seguir el relato del poder y los poderosos, como si el problema fuese de las colombianas y los colombianos, que vendría a ser la lógica colonial de: pueblo ignorante como su propio victimario.

Afirmar y hacer coro de esta voz es negar la voluntad de supervivencia que es común a los pueblos, los principios de solidaridad del género humano como ser gregario por biología y signo de especie.

Por otro lado, qué conveniente es culpar a los pueblos por sus desgracias. Siempre hay quien se beneficia de justificar la necesidad de corregir, de mandar, de imponer. Quien no sabe cuidarse así mismo merece tener tutores, policías, guardianes o una potencia extranjera en territorio soberano.

Sería productivo un ejercicio de imaginación ¿Quién estaría dispuesto a asumir semejante tarea o mejor dicho quién está realizando dicha labor? Esto podría coquetear con especulaciones y conspiranoias, como pensar que podría haber un pacto velado de Santos y el establishment para desmovilizar a las FARC-EP.

Uno puede responder a esto como lo hace un amigo: a veces es más descabellado creer que no creer, a fin de cuentas, la guerra nunca ha sido negocio de escépticos.

 

Lo cierto es que sigue el imperativo de estos resultados ¿De quién es la culpa, de quién el problema?  Frente a este tipo de interrogantes desenmarañemos el trago grueso que nos mete a juro la mediática. Bajarle dos. Recordar que nunca ha dejado de ser una disputa entre explotadores y explotados. Está fácil la pregunta, como de selección simple: el sistema es el problema, no la gente. No debemos culpar al pueblo, la culpa es de los poderosos que manejan los hilos de las corporaciones, la narcopolítica y la guerra, todos con caras visibles: desde los operadores internos, con el rostro de Uribe definido y en HD a las contratistas militares, intermediarios del alto nivel de la fuerza armada en la compra de juguetes de guerra y el gobierno estadounidense en forma de bases militares y demás despliegue exógeno.

 

El naciente siglo XXI nos demuestra que la actitud frente a los acontecimientos no puede quedarse en lectura, ejercicio estético-discursivo y diagnóstico, sino saltar frente a ellos y proponer; este territorio es y ha sido un lugar de grandes propuestas y hoy la paz lo exige, como diría el colombiano Orlando Fals Borda “la reconstrucción sociopolítica de Colombia”. Es decir, pensar más allá de Colombia, que vendría a ser reflexionar también en una cuenta que incluye a Venezuela, Ecuador, Panamá y todo lo que una vez fue la Gran Colombia que se abre y continúa hacia el sur y todo lo que se hace forma en la integración latinoamericana y todos los países desde México hasta la Patagonia.

 

Ver los resultados hoy, días después de la resaca espiritual de la derrota —fracaso para todos los ciudadanos de este ancho territorio de paz— nos sacude con la  necesidad irrenunciable que tenemos los pueblos de seguir organizándonos, para insurgir contra los poderosos y asesinos de sueños, insurgir contra los siempre enemigos de la paz.

La brújula histórica sigue marcando horizontes: organización, movilización y conciencia para enfrentar las amenazas que se ciernen sobre el continente, en un accionar desde todos los frentes.

Para ilustrar esta idea me gustaría tomar nuevamente la palabra de Fals Borda:

“…crear, hasta con la música, la literatura y otras artes, los movimientos sociales y políticos desde abajo y desde las periferias, las redes de trabajo y las comunicaciones necesarias, con el fin de seguir desplazando a los obsoletos partidos tradicionales y a los gobernantes centralistas, verticales o mesiánicos donde todavía quedan o aspiren a quedarse. Y sigamos afirmando el avance socialista por la vida, la justicia y el progreso humanista que viene desde el sur con movimientos y gobiernos de nueva estampa…”

 

Esta es mi declaración de amor a Colombia, que en cada acontecimiento se convierte en una banda sonora que nos recuerda e insiste en mostrar la salida de los pueblos de este continente: la creación, la búsqueda de lo genuino, la unión, como la obra de Omar Rayo que acompaña este texto: el agarre, la integración de las partes, un tramado único que entrelaza los cabos sueltos para una obra de arte única.

Esta es mi declaración de amor a Colombia, que no está solo llena de Santander(eres), sino habitada por la vida en cada punto de su geografía. Una afortunada, única e irrenunciable hija de Simón Bolívar.

 

Tomar la iniciativa

3ea85-sam_0178

El poema de la praxis, el poema necesario.

 

Desde hace varios meses me rondan dos palabras. Más que rondarme parecen perseguirme. Cuando un pensamiento permanece más de lo debido puede convertirse en obsesión, así que es necesario buscar la forma de hacer catarsis, descargar, limpiar.

Solucionar lo que nos priva es dejar salir aquello que hace ruidos en nuestra mente, o de lo contrario convertirlo en un ejercicio creativo, y de la obsesión — como quien hace malabares con el pensamiento— conseguir algo más práctico, más productivo.

Es decir, transformar lo que nos agobia en un acto de potencia y voluntad.

¿Qué es aquello que termina por hacernos humanos frente a la naturaleza, es decir, capaces de modificar nuestro medio a partir de lo pensado? Pues la acción. La famosa praxis que tanto se repite en el discurso político y en las ciencias sociales.

¿A quién no le ha ocurrido esto que planteo? Más de uno de nosotros es testigo y espectador cercano. Déjenme revelar estas dos palabras, como si les contara qué hice para sacármelas de la cabeza, o mejor dicho, para convertirlas en otro asunto.

Primero escribo la primera palabra en un buscador web. Iniciativa. Encuentro su definición: “proposición o idea para iniciar una cosa”; “capacidad para idear, inventar o emprender”. Define en otra búsqueda: “todo aquello capaz de comenzar el movimiento, el inicio de las cosas”. Sigo buscando: “ser capaz de generar procesos, causas y argumentaciones”.

Tecleo la otra palabra: crisis. “situación grave y decisiva que pone en peligro el desarrollo de un asunto o un proceso”. “Situación difícil de una persona o una cosa”.

Algunos al conocer ciertos conceptos y significados, o lo alimentan con la incertidumbre que los embarga o ven qué hacen, me explico.

Como bien sabemos, hay muchos tipos de individuos, es difícil tanto generalizar como hallarlos a todos. Digamos que algunos simplemente no les interesa la situación, otros pues se quejan o huyen.

También están los que me gustan, aquellos que no les agrada alimentar la miseria sino ahuyentarla, como quien golpea al enemigo en la mandíbula.

Entonces, me propongo no alimentar el fatalismo.

Pienso en alguna mente brillante de la historia, a ver, Albert Einstein ¿Qué habrá dicho el extraordinario físico alemán sobre las crisis?, logro encontrar:

“La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche. Es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar “superado”. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones”.

Estoy seguro en que no podré argumentar de mejor forma. Se me ocurren algunas cosas, como por ejemplo: iniciativa y crisis van tomadas de la mano. Ambas deberían ser inseparables; “como agua en el agua”, dice el poeta argentino Jorge Luis Borges.

Se me ocurren más ideas. Aparecen como el pensamiento mismo, es decir, imágenes que vertiginosamente se aproximan una detrás de la otra, como el sonido del tráfico mientras caminamos en la avenida, como el movimiento de los árboles, como las ráfagas de acción en el cine, como al pasar canal tras canal al ver la tele o al revisar con el ratón de la computadora la información que nos llegan en las redes sociales, veo cómo se plasman cientos de palabras, conceptos, frases, discursos, títulos, ideas y propuestas, como todas, difíciles de ordenar.

¿Qué hacer ante la paliza diaria a nuestros sentidos? ¿Cómo podemos decretar—como hace el enemigo— una eventual pérdida si apenas va el primer round, apenas comenzamos a tomar la iniciativa? ¿Cuál tarea será la que nos encomienda el destino que no es más que nuestras esperanzas, motivaciones y demás necesidades concretas frente a esa otra palabra, es decir, crisis?

Estamos ante la necesidad histórica de construir un nuevo relato, un paisaje distinto con el cual vernos como ciudad, como estado, como nación, como sociedad, empezando por trascender el lugar común de nuestra dependencia del rentismo ¿hasta cuándo le echaremos la culpa a este recurso, origen de todas las guerras modernas? preguntarnos ¿dónde están los cientos de profesionales que se han formado los últimos años? ¿Cómo generamos riqueza desde otras áreas? ¿Será tan difícil?

Cabe decir que también con interrogantes podemos construir ese relato del cual hablo, pues sin planteamientos no hay propuestas que valgan.

¿Acaso estamos desprovistos de dibujar porvenir, horizontes y proyectos de largo aliento? Parece idea repetida, más no deja de tener sentido: la tarea es de todos; es responsabilidad de cada uno resignificar la crisis. Reconstruir una nueva hegemonía que llame a consensos y ampliar sectores que simpaticen más allá de la retórica, la demagogia y la improvisación.

Disputar conciencias más allá del panfleto.

Construir país. Pensar en el futuro, pues aunque la historia es nuestra mejor carta no podemos vivir solo de las victorias del pasado, hoy son otras las demandas, repito, repitamos: no podemos vivir de glorias pasadas.

¿Cómo empezar? Entre tantas propuestas, lanzo una: tomar la iniciativa.

Es fácil decirlo, puesto que además se nos presenta una realidad global virulenta que se desplaza a la velocidad de un parpadeo, una crisis planetaria en la cual podemos perdernos de tantas cosas que suceden: crisis migratoria en Europa por las guerras imperialistas en el Mundo Árabe; abandono de la Unión Europea por parte de Gran Bretaña, que asoma el reavivar del nacionalismo extremista; elecciones en los Estados Unidos; golpe de Estado en Brasil; ascenso del neoliberalismo en los países progresistas del continente.

Claro, no todo comprende pesadillas, veamos la paz hecha realidad en Colombia. Después de una profunda crisis bélica de medio siglo ¿acaso no fue resuelta por grandes iniciativas?

Sume usted lo que faltó en esta lista y verá cómo los acontecimientos nos sobrepasan en el tiempo finito de lo humano, más no del colectivo y la herencia de nuestras acciones infinitas, para parafrasear a István Mészaros.

Podemos permanecer por siempre enumerando diagnósticos, propuestas y especulaciones, por ahora nos queda tomar la iniciativa.

 

Miguel Antonio Guevara | miguel.contacto@gmail.com

 

El secuestro de Marx

 

marx

 

La primera noche que me encontré en la acera con Carlos Marx, fue en mi segundo año de bachillerato. Después de regresar de clases, Miguel Antonio, mi hermano, sacó un libro enorme, un poco rancio y empolvado. Era El capital; con detenimiento hurgó y se dirigió a mí con serenidad diciendo: si lees esto te regalaré algo.

Recuerdo que las páginas que buscó tenían como título inicial un texto sobre la plusvalía.

Mi primera experiencia de acercamiento a la militancia revolucionaria fue con la juventud comunista, aunque nunca formé parte del partido, llegué a ser un simpatizante de corazón. En varias ocasiones acompañé a mi hermano y a mi amigo Warner a concentraciones y caminatas en defensa de Ilich Ramírez, gritando consignas marxistas-leninistas, además de cargar con el gallito rojo.

Aunque en un principio no comprendía bien el asunto, me parecía un poco raro pero al mismo tiempo me gustaba toda aquella movida y discusiones calurosas.

Carezco de una herencia comunista, marxista, de izquierda: soy revolucionario por azar del destino. Nunca pensé en aspirar a ser un intelectual orgánico, mucho menos en leer y estudiar el marxismo.

Sin embargo, mi madre y mi hermano siempre se encargaron de proveerme de buen capital cultural; mi madre profesora y mi hermano poeta. Fue así como descubrí a Marx: hubo una conspiración silenciosa y alucinante en el espacio/tiempo.

Me causaba curiosidad el barbudo Marx, mi primer contacto con la plusvalía. Me costó un poco comprenderle, pero después de una seria reflexión, aún persisto por seguir entendiéndolo.

Cuando les mostraba el libro a mis amigos, algunos se espantaban, muchos me decían que era difícil leerlo, que estaba loco, que no lograban entender.

Post-adolescencia, intuyo a un Marx que ha secuestrado de la mayorías, detrás de este hombre hay todo una mitología difusa de lo que es, de lo que representa.

He conseguido tal grado de tergiversación del mismo que a veces siento escalofríos.

Marx ha sido secuestrado después de muerto, y existiendo frente a todos y al alcance de todos se nos es arrebatado y desdibujado; es por ello que me dedico a hablar de él.

El marxismo trasciende a la propia ideología, el Marxismo es pensamiento crítico, la categorización de elementos sociales para la contribución del desmontaje de la sociedad capitalista. Esto es: una mariposa azul con bordes negros frente a nosotros, una moneda en la frente, una cortada que sangra, un pestañeo simultáneo en una espiral silenciosa que juega con lo finito.

El pensamiento crítico marxista es uno de los más grandes aportes a la humanidad, debido a que es capaz de desmitificar a la sociedad misma y sus instituciones. Ese barbudo que hablaba varios idiomas, y que dedicó extensas horas de trabajo intelectual en favor de las mayorías, es el Marx que se encuentra triturado y reducido a mera ideología demagógica, politiquera, panfletaria, simplificado, vilipendiado, sub-utilizado en una penosa situación que desmerita su extenso aporte.

Es Marx junto a Friedrich Engels el padre del socialismo científico, del comunismo moderno y del marxismo, con quien publicó varias obras, destacándose entre ellas el Manifiesto del Partido Comunista, que se publicó por primera vez el 21 de febrero de 1848.

Estos dos hombres fueron los mismos capaces de desarmar la anatomía del sistema capitalista que justifica la explotación del hombre por el hombre, planteando la liberación del ser humano en la desvelada lucha de clases, en la necesidad de tomar los medios de producción para su distribución igualitaria en la masa explotada.

Mientras Adán Smith se masturbaba con su mano invisible y Augusto Comte plagiaba a diestra y siniestra, se aceleraba el proceso de industrialización y explotación en Inglaterra, además de la extracción y acumulación de capital traídos de América que precipitaban el desarrollo del sistema capitalista, Marx pensaba en la liberación y en la justa repartición de los panes, nada más cristiano que el pensamiento marxista: una constante en la distribución equitativa de las riquezas, de allí su famoso: “de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad”.

Él, que fue capaz de consagrar su vida y negarse a comodidades y privilegios por la emancipación de las mayorías, el Marx soñador, el apasionado, el estratega, el valiente, Marx, el de carne y hueso, no es teoría muerta, es una daga en el espacio/tiempo que baila en la forma del agua, que se muestra en movimiento continuo desde la dialéctica de Heráclito de Efeso.

Una de nuestras labores orgánicas debe ser el seguir acercando a Marx a la gente, y no comerle tamaño a su teoría, que no es estática, al contrario, debe releerse, discutirse, cuestionarse, resignificarse, recategorizarla y practicarla, es decir, contextualizarla desde nuestra lógica, desde nuestros símbolos, rescatando siempre lo que nos sea de utilidad.

Frente a las corporaciones y el neocolonialismo, el latido de Marx sigue vigente estimulando nuestra lucha por la emancipación, que también es un combate por el rescate del mismo Marx y su pensamiento crítico. Rescatemos pues a Marx de su secuestro: el marxismo será ciencia que nos permitirá resignificar el porvenir.

#CrónicasAgroUrbanas | Barinas es la semilla

14542596_10209751305036889_2913095367946326090_o

JPSUV en el Centro Genético Florentino, Sabaneta, Barinas.

Hoy, mientras transitaba en la ruta hacia el trabajo, pensaba en muchas cosas, por ejemplo, en los grandes procesos de cambio y quiénes—desde diferentes espacios y responsabilidades— cumplieron un rol en dichos eventos de la historia.

Podría enumerar a tantos, a tantas, que este breve espacio no alcanzaría. Cuando uno se ve en esta suerte de “limitaciones” piensa más bien en ir hacia lo concreto, a lo que realiza en el día a día, en mi caso particular: como joven que apuesta a la agricultura urbana.

¿Qué es un joven agrourbano? Entre tantas cosas que vienen a mi cabeza, me atrevo a responder con un ejemplo histórico: el joven agrourbano es a la actual coyuntura lo que fueron esos cientos de chamos que recorrieron Cuba para alfabetizar hasta cada rincón. Así nos resulta el presente, una tarea para construir un nuevo imaginario ya no de aprender a leer y escribir porque ya sabemos, sino formarse para conocer la tierra, la semilla, los diferentes frutos que nos ofrece la Pacha.

He aprendido a lo largo de estos últimos meses, que no estoy ni estamos solos. Somos un colectivo de manos que se encuentra con la tierra. Jóvenes que entienden la importancia estratégica de cambiar la lógica del éxodo a las capitales que tanto daño hizo al aparato productivo del país. Nos encontramos no solo en las necesidades, sino en un mundo de cosas nuevas por aprender.

¿Sabías que la agricultura urbana, por ejemplo es una política del llamado primer mundo? Eso lo aprendí de otros compas que me han enseñado a investigar y estar al día con lo que sucede en materia de agricultura en las ciudades. Francia, Alemania, España y Reino Unido son algunos países que han adelantado las políticas de “techos verdes”, incluso descubrí que hay algo así como “agricultura guerrilla”, que consiste en sembrar en cualquier espacio de tierra que consigamos en la ciudad, por muy pequeño que sea: un balcón, una acera, una isla en la que solo había tierra en medio de un parque; aprovechar cada espacio que puede proveernos tanto alimento como un nuevo paisaje, más humano, más verde, más cerca de la naturaleza.

Hoy puedo nombrar tantos ejemplos de amigos que militaron conmigo en la palabra, en la poesía, ellos decidieron trasladar los poemas, la cultura, la música, a la tierra.

Convirtieron la reflexión en hecho, en práctica.

Dafne ahora está sembrando en algún lugar del piedemonte. Siempre que hablamos me cuenta del daño que causó el monocultivo y me dice: Warner, hay que sembrar diferentes tipos de rubros, es más sano, la tierra se renueva y cuando ves crecer todo tipo de plantas es hermoso.

Karina también se fue con su compañero a labrar la tierra, ahora imaginan un mundo mejor desde su Rayuela, que no es un libro nada más, es un pedacito de tierra que le dará de comer a su familia y sus descendientes.

También está la experiencia de Balsero, que además de soltar la lírica en el hip hop toma el pico y la pala para preparar el tiempo de la semilla.

Como dije en un principio, los ejemplos son innumerables.

Quizá uno no tuvo la fuerza o la luz que ellos tuvieron en esos momentos para entrar en esta filosofía de avanzada y me pregunto qué hacer, qué aportar y cómo; en lo organizativo, en lo político, en lo territorial; labrar la tierra desde otros espacios que no son precisamente en el campo, sino en la ciudad y sus contradicciones, para que las políticas sean más accesibles a todos y exista la posibilidad de darle a conocer a más gente de qué se trata todo esto de la agricultura urbana.

Todavía no termino por definir qué es el joven agrourbano, tal vez pudiera decir qué he visto de la juventud agrourbana en Barinas, en Barinas como semilla, como eje socioproductivo del país.

Esta mañana me llegó a la cabeza (mientras pensaba en escribir esto): Barinas es la semilla. Así, como un motivo, una canción, un poema, interpretar en las tablas del teatro Orlando Araujo, como caminar en el patio socioproductivo de la sala de batalla que está por la comunidad donde vivo.

Pensar en eso es verlos a ellos juntos en la conversa, en el trabajo, en los canteros, es Eluvia con su rastrillo espantando a los perros del huerto comunitario para que no se coman los tomates, pensarlos a todos, a todas es pensar en eso que intento definir como joven agrourbano, es pensar, ver, vivir la realidad e imaginar el porvenir de mi ciudad.

Barinas es la semilla.