#Alternativa21 #NuevosRetosNuevosRostros

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Es tiempo de dibujar nuestro porvenir. Construir una nueva universidad donde confluyan distintas formas de pensamiento. Nuestras casas de estudios debe convertirse en espacios vivos con el encuentro permanente de todas y todos, como un pequeño país en movimiento, repleto de esperanza, desarrollo y progreso.

Porque el único objetivo político del corazón es la felicidad, la dignidad.

Entendemos que Nuevos Retos comprenden Nuevos Rostros, discursos y prácticas, porque un ejercicio renovado de construcción colectiva solo puede nacer al calor de las necesidades del presente.

Entendemos que es un trabajo de toda la comunidad universitaria barinesa: la unión necesaria para construir lo nuevo, para construir el futuro que todas y todos nos merecemos.

Construyamos junt@s. Es deber de cada uno, de cada una, conectarnos con la realidad de la ciudad, del estado, del país y del mundo. Caminemos hacia un horizonte amplio de esperanza, en un proyecto común, de largo aliento, desde los actores sociales más importantes para hacer país: la universidad y sus futuros profesionales.

Construyamos una alternativa organizacional; un poderoso tejido social estudiantil que convoque a la mayor cantidad de estudiantes posibles, creando una nueva forma de concebir el poder y la política; consolidemos un activo movimiento de pensamiento crítico (descolonial, bolivariano, feminista, ecológico, científico, pedagógico, cultural, atento a las luchas de la sexo-diversidad), un organizado equipo contralor de las políticas universitarias, conformando de esta manera una Nueva Cultura Universitaria que nos enseñe a creer en lo posible, en  nuevos liderazgos colectivos con la participación de todas y todos en una universidad llena de potencialidades hechas práctica, un espacio en el cual podamos hacer vida universitaria en actividades de distinto tipo, para todas las especialidades y carreras, una universidad en donde no haya solo pasillos para transitar sino todo un universo por descubrir y recorrer.

#Alternativa21 #NuevosRetosNuevosRostros

Declaración de amor a Colombia

 

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Desde el título se teje el lugar desde el cual me enuncio para trazar estas líneas, es decir: el paisaje de los afectos.

“Declaración de amor a Colombia” sería el nombre que la escritora y crítica de arte argentino-colombiana Marta Traba le daría a uno de sus textos sobre arte contemporáneo; tampoco es casualidad que me acompañe una obra del artista, también colombiano, Omar Rayo.

Las señas de identidad que dimensionan la existencia material de un pueblo son tan complejas como difíciles de tejer en un solo modelo o burdo estereotipo, puesto que los sistemas expresivos de comunidades e individuos son tan numerosos como sus habitantes. Con esto quiero decir que colombianos, como venezolanos y el resto de los latinoamericanos son más que música moderna mezclada con matices de la raíz y mujeres bonitas.

Con esto también quiero decir que Colombia es más que violencia, paramilitarismo, narconovelas y guerra.

Cualquier ejercicio de diagnóstico, lectura o análisis sobre los resultados del plebiscito en el vecino país, no dejaría de ser un lugar común más de opinólogos y referentes de la Globalistán reflexiva que resulta la marea de información que se produce desde todos los espacios, tanto de usuarios de redes sociales —convertidos en los nuevos referentes en el devenir 2.0— como las cadenas de noticias del mundo.

Todos han acudido a señalar a un pueblo que supuestamente ha escogido mal su destino.

Los resultados que recién presenciamos son otro ejemplo del modelo fracasado de la democracia occidental. Una vía expedita para reconocer hasta dónde llega una maquinaria electoral en manos de un sistema construido por la cultura narcoparamilitar y la violencia. Más concretamente: el negocio mundial de la guerra.

La derrota del Si evidencia, revela el resultado concreto de una guerra cultural que emplea el miedo como el arma más poderosa de manipulación ¿Qué esperábamos? El mundo entero está siendo sometido a la mayor guerra psicológica de la historia de Occidente y Colombia no iba a ser la excepción.

Cuando el futuro está en juego y más del 60% del electorado se abstiene, paradójicamente, este sector se convierte en la población que escoge sin escoger, pues esta es víctima de lo que vendría a llamar el teórico Vicente Romano: “la formación de la mentalidad sumisa”; una franja de la población que viene a consumir toda la apología a la subordinación sembrada por la propaganda de guerra, que intimida por un lado, y la propaganda de manipulación y consumo de banalidad que modela indiferentes por el otro.

“La indiferencia legitima las arbitrariedades sociales” diría Pierre Bourdieu.

No es necesario señalar más desafueros en una sociedad tan golpeada y sobre todo tan desconocida por el resto de países del continente como la colombiana. Grandes esfuerzos han realizado nuestros pueblos al no permitir que un conflicto bélico de más de 50 años no se haya extendido más allá de sus fronteras. Y esta hazaña no se ha convertido en información viral; las proezas de los condenados de la tierra nunca ha sido buena publicidad.

Culpar por los resultados a colombianas y colombianos —que ha sido el discurso que pretende imponerse en la llamada opinión pública— vendría a ser el más craso error de interpretación, o mejor dicho, la óptica más conveniente de las élites, esto sería: seguir el relato del poder y los poderosos, como si el problema fuese de las colombianas y los colombianos, que vendría a ser la lógica colonial de: pueblo ignorante como su propio victimario.

Afirmar y hacer coro de esta voz es negar la voluntad de supervivencia que es común a los pueblos, los principios de solidaridad del género humano como ser gregario por biología y signo de especie.

Por otro lado, qué conveniente es culpar a los pueblos por sus desgracias. Siempre hay quien se beneficia de justificar la necesidad de corregir, de mandar, de imponer. Quien no sabe cuidarse así mismo merece tener tutores, policías, guardianes o una potencia extranjera en territorio soberano.

Sería productivo un ejercicio de imaginación ¿Quién estaría dispuesto a asumir semejante tarea o mejor dicho quién está realizando dicha labor? Esto podría coquetear con especulaciones y conspiranoias, como pensar que podría haber un pacto velado de Santos y el establishment para desmovilizar a las FARC-EP.

Uno puede responder a esto como lo hace un amigo: a veces es más descabellado creer que no creer, a fin de cuentas, la guerra nunca ha sido negocio de escépticos.

 

Lo cierto es que sigue el imperativo de estos resultados ¿De quién es la culpa, de quién el problema?  Frente a este tipo de interrogantes desenmarañemos el trago grueso que nos mete a juro la mediática. Bajarle dos. Recordar que nunca ha dejado de ser una disputa entre explotadores y explotados. Está fácil la pregunta, como de selección simple: el sistema es el problema, no la gente. No debemos culpar al pueblo, la culpa es de los poderosos que manejan los hilos de las corporaciones, la narcopolítica y la guerra, todos con caras visibles: desde los operadores internos, con el rostro de Uribe definido y en HD a las contratistas militares, intermediarios del alto nivel de la fuerza armada en la compra de juguetes de guerra y el gobierno estadounidense en forma de bases militares y demás despliegue exógeno.

 

El naciente siglo XXI nos demuestra que la actitud frente a los acontecimientos no puede quedarse en lectura, ejercicio estético-discursivo y diagnóstico, sino saltar frente a ellos y proponer; este territorio es y ha sido un lugar de grandes propuestas y hoy la paz lo exige, como diría el colombiano Orlando Fals Borda “la reconstrucción sociopolítica de Colombia”. Es decir, pensar más allá de Colombia, que vendría a ser reflexionar también en una cuenta que incluye a Venezuela, Ecuador, Panamá y todo lo que una vez fue la Gran Colombia que se abre y continúa hacia el sur y todo lo que se hace forma en la integración latinoamericana y todos los países desde México hasta la Patagonia.

 

Ver los resultados hoy, días después de la resaca espiritual de la derrota —fracaso para todos los ciudadanos de este ancho territorio de paz— nos sacude con la  necesidad irrenunciable que tenemos los pueblos de seguir organizándonos, para insurgir contra los poderosos y asesinos de sueños, insurgir contra los siempre enemigos de la paz.

La brújula histórica sigue marcando horizontes: organización, movilización y conciencia para enfrentar las amenazas que se ciernen sobre el continente, en un accionar desde todos los frentes.

Para ilustrar esta idea me gustaría tomar nuevamente la palabra de Fals Borda:

“…crear, hasta con la música, la literatura y otras artes, los movimientos sociales y políticos desde abajo y desde las periferias, las redes de trabajo y las comunicaciones necesarias, con el fin de seguir desplazando a los obsoletos partidos tradicionales y a los gobernantes centralistas, verticales o mesiánicos donde todavía quedan o aspiren a quedarse. Y sigamos afirmando el avance socialista por la vida, la justicia y el progreso humanista que viene desde el sur con movimientos y gobiernos de nueva estampa…”

 

Esta es mi declaración de amor a Colombia, que en cada acontecimiento se convierte en una banda sonora que nos recuerda e insiste en mostrar la salida de los pueblos de este continente: la creación, la búsqueda de lo genuino, la unión, como la obra de Omar Rayo que acompaña este texto: el agarre, la integración de las partes, un tramado único que entrelaza los cabos sueltos para una obra de arte única.

Esta es mi declaración de amor a Colombia, que no está solo llena de Santander(eres), sino habitada por la vida en cada punto de su geografía. Una afortunada, única e irrenunciable hija de Simón Bolívar.

 

Tomar la iniciativa

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El poema de la praxis, el poema necesario.

 

Desde hace varios meses me rondan dos palabras. Más que rondarme parecen perseguirme. Cuando un pensamiento permanece más de lo debido puede convertirse en obsesión, así que es necesario buscar la forma de hacer catarsis, descargar, limpiar.

Solucionar lo que nos priva es dejar salir aquello que hace ruidos en nuestra mente, o de lo contrario convertirlo en un ejercicio creativo, y de la obsesión — como quien hace malabares con el pensamiento— conseguir algo más práctico, más productivo.

Es decir, transformar lo que nos agobia en un acto de potencia y voluntad.

¿Qué es aquello que termina por hacernos humanos frente a la naturaleza, es decir, capaces de modificar nuestro medio a partir de lo pensado? Pues la acción. La famosa praxis que tanto se repite en el discurso político y en las ciencias sociales.

¿A quién no le ha ocurrido esto que planteo? Más de uno de nosotros es testigo y espectador cercano. Déjenme revelar estas dos palabras, como si les contara qué hice para sacármelas de la cabeza, o mejor dicho, para convertirlas en otro asunto.

Primero escribo la primera palabra en un buscador web. Iniciativa. Encuentro su definición: “proposición o idea para iniciar una cosa”; “capacidad para idear, inventar o emprender”. Define en otra búsqueda: “todo aquello capaz de comenzar el movimiento, el inicio de las cosas”. Sigo buscando: “ser capaz de generar procesos, causas y argumentaciones”.

Tecleo la otra palabra: crisis. “situación grave y decisiva que pone en peligro el desarrollo de un asunto o un proceso”. “Situación difícil de una persona o una cosa”.

Algunos al conocer ciertos conceptos y significados, o lo alimentan con la incertidumbre que los embarga o ven qué hacen, me explico.

Como bien sabemos, hay muchos tipos de individuos, es difícil tanto generalizar como hallarlos a todos. Digamos que algunos simplemente no les interesa la situación, otros pues se quejan o huyen.

También están los que me gustan, aquellos que no les agrada alimentar la miseria sino ahuyentarla, como quien golpea al enemigo en la mandíbula.

Entonces, me propongo no alimentar el fatalismo.

Pienso en alguna mente brillante de la historia, a ver, Albert Einstein ¿Qué habrá dicho el extraordinario físico alemán sobre las crisis?, logro encontrar:

“La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche. Es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar “superado”. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones”.

Estoy seguro en que no podré argumentar de mejor forma. Se me ocurren algunas cosas, como por ejemplo: iniciativa y crisis van tomadas de la mano. Ambas deberían ser inseparables; “como agua en el agua”, dice el poeta argentino Jorge Luis Borges.

Se me ocurren más ideas. Aparecen como el pensamiento mismo, es decir, imágenes que vertiginosamente se aproximan una detrás de la otra, como el sonido del tráfico mientras caminamos en la avenida, como el movimiento de los árboles, como las ráfagas de acción en el cine, como al pasar canal tras canal al ver la tele o al revisar con el ratón de la computadora la información que nos llegan en las redes sociales, veo cómo se plasman cientos de palabras, conceptos, frases, discursos, títulos, ideas y propuestas, como todas, difíciles de ordenar.

¿Qué hacer ante la paliza diaria a nuestros sentidos? ¿Cómo podemos decretar—como hace el enemigo— una eventual pérdida si apenas va el primer round, apenas comenzamos a tomar la iniciativa? ¿Cuál tarea será la que nos encomienda el destino que no es más que nuestras esperanzas, motivaciones y demás necesidades concretas frente a esa otra palabra, es decir, crisis?

Estamos ante la necesidad histórica de construir un nuevo relato, un paisaje distinto con el cual vernos como ciudad, como estado, como nación, como sociedad, empezando por trascender el lugar común de nuestra dependencia del rentismo ¿hasta cuándo le echaremos la culpa a este recurso, origen de todas las guerras modernas? preguntarnos ¿dónde están los cientos de profesionales que se han formado los últimos años? ¿Cómo generamos riqueza desde otras áreas? ¿Será tan difícil?

Cabe decir que también con interrogantes podemos construir ese relato del cual hablo, pues sin planteamientos no hay propuestas que valgan.

¿Acaso estamos desprovistos de dibujar porvenir, horizontes y proyectos de largo aliento? Parece idea repetida, más no deja de tener sentido: la tarea es de todos; es responsabilidad de cada uno resignificar la crisis. Reconstruir una nueva hegemonía que llame a consensos y ampliar sectores que simpaticen más allá de la retórica, la demagogia y la improvisación.

Disputar conciencias más allá del panfleto.

Construir país. Pensar en el futuro, pues aunque la historia es nuestra mejor carta no podemos vivir solo de las victorias del pasado, hoy son otras las demandas, repito, repitamos: no podemos vivir de glorias pasadas.

¿Cómo empezar? Entre tantas propuestas, lanzo una: tomar la iniciativa.

Es fácil decirlo, puesto que además se nos presenta una realidad global virulenta que se desplaza a la velocidad de un parpadeo, una crisis planetaria en la cual podemos perdernos de tantas cosas que suceden: crisis migratoria en Europa por las guerras imperialistas en el Mundo Árabe; abandono de la Unión Europea por parte de Gran Bretaña, que asoma el reavivar del nacionalismo extremista; elecciones en los Estados Unidos; golpe de Estado en Brasil; ascenso del neoliberalismo en los países progresistas del continente.

Claro, no todo comprende pesadillas, veamos la paz hecha realidad en Colombia. Después de una profunda crisis bélica de medio siglo ¿acaso no fue resuelta por grandes iniciativas?

Sume usted lo que faltó en esta lista y verá cómo los acontecimientos nos sobrepasan en el tiempo finito de lo humano, más no del colectivo y la herencia de nuestras acciones infinitas, para parafrasear a István Mészaros.

Podemos permanecer por siempre enumerando diagnósticos, propuestas y especulaciones, por ahora nos queda tomar la iniciativa.

 

Miguel Antonio Guevara | miguel.contacto@gmail.com

 

Los necios

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Imagen tomada de aquí

Emboscado y desaparecido, Alejandro Arrechedera cuando joven fue célula contra la dictadura de Trujillo en República Dominicana. Este texto está dedicado a su tita, quien llorando cumplió un siglo en espera de su retorno.

La esperanza: aferrarse a creer en algo y que eso tenga la fuerza suficiente para ser el motor de las ideas; el amor por la causa justa, la más noble de todas: el socialismo.

Me he despertado escuchando el alboroto de los vecinos golpeando los postes porque no hay luz, le he perdido la cuenta al tema de “la situación en el país”, en la mesa, en ayunas, en la buseta, en el cajero, en la universidad, en el velorio, en el banco y si me he puesto la franela del comandante la gente estalla en impulso primitivo:

— ¿Mija y tú no sabes en qué país estamos viviendo?

Yo que me he ufanado bien de tener dispuesto el sentido de la ubicación, se me ha hecho desgastante responderles últimamente con una paciencia mecanizada y perentoria: Venezuela es el mejor país del mundo gracias a Chávez.

La sabiduría siempre es válida en estos casos. Consulté con queridos amigos ya crecidos por aquello de que más vale viejito conocido; se me dijo:

— Desiste que un palo no hace montaña, yo a lo que no puedo hacerle la lucha no se la hago.

— Soy realista, estoy apegado a la realidad, me han dicho. En mis intentos por preguntar, el cansancio o el hastío estaban primero en la respuesta, porque “es incambiable la realidad”, según ellos, finalizaron con su juicio

— Que no se te seque la fuerza en la espera.

¿Qué decirles a mis queridos viejos prematuros y no tanto? en mi superfluo debut como médico seguro puedo diagnosticarles “desesperanza generacional aguda” y crónica en casos de excesiva exposición a la tv. Esta patología quizá se deba a que vivieron con amargura la dictadura de Pérez Jiménez o las promesas del siglo pasado.

Por eso hoy les es fácil ceder al aparato mediático implicado.

Leí por allí que a cada dolor una certeza. Nosotros los empeñados estamos convencidos de que árbol bien arraigado es intumbable y no es solo un asunto de fe, es un hecho tangible: Venezuela es el mejor país del mundo gracias a Chávez.

Nosotros hoy abriendo paso en la historia junto con los grandes, nosotros en nuestra fuerza titánica, arrasadora, hemos decidido que no seremos el cazador detrás de la utopía.

No somos y no seremos jamás los porqués de sus señalamientos, decidimos ser héroes entre tanta victima bombardeada por el sistema, en drogas, en inútiles horarios, en esperas. Porque el Imperio nos quita el alma y entre el tiempo o la necesidad se nos acortan los días para luchar.

No. Ese no es nuestro destino, en nosotros desembocó la historia, en nuestra fuerza colectiva entendemos que todo empieza por algo en qué creer y ante todo está nuestro compromiso.

El enorme incentivo moral de imponernos a la misma historia de mierda donde el Imperio roba y masacra a su antojo ¿por qué luchamos? pues porque un día vamos a ver nuestra revolución florecer por encima del pacato, del corrupto, del embustero, por encima de la doctrina fascista, de las líneas discursivas de moda, por encima del manual de retórica favorito entre políticos.

¡Allí está, gloriosa y no tan lejana la liberación de la humanidad! hay que sujetarnos a ella con fuerza.

Basta ya de pesimismos escuálidos, si la esperanza se nos cae del bolsillo es nuestra diaria obligación recogerla y pulirla, porque en nuestro terco, en nuestro obstinado empeño sabemos que los días para renunciar no existen.

¿Si estaremos dejando el pellejo en consignas como el poeta? ¿o cantando aferrados a la bandera, gritando patria querida con el gañote ? ¿Acaso con el llanto?

Si es afirmativa la respuesta y si nos tiembla todo, menos nos vamos, aquí nos quedamos porque la pelea es peleando, aquí no se rinde nadie.

A nosotros los de a pie, como Generación Bicentenaria no nos da la gana de entregar la patria.

¿Y a ustedes?

#SentidoEconómico: la casa, la ciudad

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Si algo es común a cada ser humano es vivir en el interior de un “algo”, ya sea casa, puente o rincón. Todos buscamos esa extensión del útero materno, de esa barriguita en la que estábamos calienticos.

A su vez ese “algo”, digamos nuevamente: casa, puente o rincón, está también en el interior de otra cosa aún mayor, no solo en tamaño sino en complejidad, llamémosle aquí: ciudad.

Casa y ciudad son a la vez un mundo dentro de otro. De lo pequeño a lo grande y viceversa; del microuniverso al macrouniverso. Una, representación de la otra. Sociedad en el interior de otra sociedad. La familia habita la casa, la población la ciudad, y así.

Les une estrechamente una relación espiritual y también una realidad material.

La ciudad está en el territorio, la casa está sobre el territorio. Digamos que la primera no está del todo, sino se distribuye en muchas cosas, es decir, la ciudad no es solo construcciones, sino comportamientos, tradiciones, malestares, necesidades y paisajes.

La casa y la ciudad tienen también una relación económica. De hecho, el origen de la palabra está en el latin, “oeconumus”, y del griego “oikonomos”, significa algo así como “la administración de la casa, la administración del hogar”.

Siempre me pregunto ¿a quién corresponde la administración de la casa, del hogar, quién es responsable de resolver los problemas de la ciudad?

Esa relación económica, ese Sentido Económico, está presente en todos los espacios de la casa/ciudad y de la ciudad/casa. Es decir, si es una administración, hay sus balances y desbalances. Si unos comen mucho es proporcional a que otros comen poco y así. Si un lugar está desordenado, todos los espacios estarán desordenados, uno corresponde a otro.

Si hay un lugar súper limpio y cómodo y otro sucio e incómodo pues será como quien barre y mete debajo de la alfombra.

En la ciudad y las casas que la contienen se encuentran todas las necesidades, pero también todos los sueños ¿quién los administra a ambos?

Desde pequeños nos enseñaron que la economía era un asunto de números ¿has visto alguna vez un pensum de estudios universitario de economía? Lo menos que encontrarás será materias con números, se ven pocas, el resto es historia y demás ciencias sociales.

Por eso nos cuesta tanto comprenderla, incluso estando allí siempre, en todos los lugares que transitamos. Por esa razón que nos la aleja nos cuesta tanto descifrarla y hallar salidas cuando nos hablan de una economía compleja, fracturada, en crisis.
Ah, esa palabra que venimos oyendo durante generaciones. Crisis, siempre la crisis. Pero de eso hablaremos en otro momento.

El premio nobel sudafricano J.M Coetzee, en una novela titulada “Diario de un mal año” hace decir a uno de sus personajes: “¿Qué es al final la dimensión económica sino la suma total de las prolongaciones de nuestras dimensiones individuales, nuestros sueños y opiniones y demás?”

Tiene su razón. La economía va más allá de números y cuentas. También hay cosas del cuerpo, de la mente, de la voluntad y la razón. Una dimensión económica, un Sentido Económico.

Con la economía, como en el país, en la ciudad, hay que hacer como en la casa. El que tiene más voluntad va y hace el mandado, va y hace el mercado, trae el pan para todos y si no tiene con qué ve cómo resuelve.

Y no lo hace solo. Sino que pide ayuda, de la familia, de los vecinos, de todos los que habitan la ciudad, la casa. La casa y la ciudad. Es el que abre la puerta del Sentido Económico.

La puerta de la casa, la ciudad.

¿Cómo caminar al porvenir?

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Esta imagen fue tomada de aquí…

En Nuestra Casa lo vidrios rotos de la sala no son un defecto. Sobre habitada y con goteras las paredes se encuentran carcomidas ¿cuántos trabajaron los otros por Nuestra Casa? las tuberías están rotas, se han robado la comida.

Es pequeña en un espacio grande, Nuestra Casa es un lugar improvisado.

Las sociedades de nuestro joven continente fueron diseñadas a imagen y semejanza de la óptica occidental. Las formas arquitectónicas de nuestras ciudades guardan un gen eurocéntrico. No se parecen a nosotros, pero el asunto va más allá: un problema profundo y complejo que forma parte de nuestra herencia.

En estas condiciones se manifiesta una disputa constante de subjetividades. En espacios y tiempos distintos, obedeciendo a intereses supranacionales; y ese es el escenario de la confrontación: un espacio dispuesto por el enemigo con su propio lenguaje;

¿quién ganará o mejor dicho, quién llevará la ventaja?

Nuestra Casa camina deforme, es un pie de atleta con zapatillas de ballet, esta es la verdad de la Casa, y podemos verla en cualquier parque, avenida, calle y plaza. Cuando encontramos una isla en la avenida o en la acera a un árbol que crece y estira sus raíces, acabando con el lugar y que se hace un peligro para la multitud, es una muestra de la improvisación a gran escala que nos ha caracterizado ¿se nos olvidó que un árbol crecerá con poderosas raíces que necesitan espacio? Esos lugares deben ser pensados.

Esta forma —desplanificada— de hacer el mundo, fue la herencia que nos dejaron.

Deformaciones estructurales que en este momento hacen mella, revelan la falta de asesoría técnica, la carencia de administración y seriedad que a su vez muestran la necesidad de planificación y proyección en el mediano y largo plazo de nuestra sociedad.

Si un caso tan simple como el ornamento de una ciudad a nivel micro carece de un mínimo de planificación ¿qué es lo que se puede esperar de Nuestra Casa?

Sobre habitar un espacio no es un defecto, es una carencia de percepción y de horizonte, la desplanificación a gran escala es el producto de décadas de desidia por parte de gobiernos populistas y reformistas, que carecieron siempre de la intención de un proyecto país. Además no es un acto involuntario, es un acto inducido; cuando mantienes a una población desplanificada dicha sociedad a de hacerse esclava de sí misma, como la familia que se masifica en los hijos que le exigirán el doble de comida, el doble de cuidado, el doble de cobijo.

Es más fácil dominar a la multitud cuando se encuentra dispersa, en la incertidumbre de lo que vendrá, carente de iniciativa y llena de temores inducidos que solo contribuyen a su continuo subyugamiento.

Nunca se pensó en una ciudad para ser habitada, para todos, más bien se pensó en la mala imitación de estereotipos occidentales que deformaron y deforman al ciudadano, además de los fenómenos globales que hacen perdernos en una burbuja ajena.

La planificación —como instrumento— es de los grandes aportes del pensamiento a la humanidad, tratándose esto no de la imitación de estándares occidentales, más bien trátese de la toma de herramientas útiles, como decía el poeta salvadoreño Roque Dalton “la asimilación crítica de la tradición cultural de la humanidad…”

Si hay que ver a través de la historia es por nuestro propio crecimiento equilibrado, pero esta idea solo puede concebirse en una sociedad con individuos que posean y practiquen Ideas de Avanzada.

¿Quiénes son esos individuos? la gente en unidad, comprendiéndose como un gran sujeto de transformación que asume lo que tiene en frente y quiere cambiarlo, el pueblo trabajando en su conjunto y no la docena de privilegiados que pueden modificar a su antojo Nuestra Casa.

En este escenario, es deber colectivo emanciparse, asumiendo Ideas de Avanzada, estas ideas son universales y deben ser acorde a los tiempos, con vista al futuro.

¿Cómo caminar al porvenir si no es desde la práctica de un método sistemático de planificación y dirección para la conducción y organización de nuestra casa? solo podríamos llevar a buen termino nuestro objetivo de una sociedad más justa pensándonos, organizándonos; lo contrario será demagogia y voluntarismo, reforzando la idea de una sociedad improvisada.

Ver Nuestra Casa en su justa dimensión es salir de la trampa histórica. Mirarla y pensarla más allá, para hacerla a nuestra imagen y semejanza.

#SentidoEconómico / ¿Hecho en Venezuela?

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Es un ave, es un avión, es Súper Kraft…

El paisaje del supermercado ha cambiado. Uno puede con ojo sencillo pasearse por anaqueles enteros y verá nombres, marcas, eslóganes poco familiares. Uno se pregunta en medio del nuevo escenario ¿Quiénes serán estos actores?

Mermeladas, confituras, panadería en diferentes presentaciones, crema dental, vegetales en aceites y demás presentaciones para degustar, bebidas embotelladas, queso para untar, vasos, platos y cubiertos desechables, cremas para el cuerpo y demás productos para el aseo personal.

Esta enumeración no es ociosa ni mucho menos imaginaria. En la medida en que “desaparecen” los archiconocidos productos con sellos conocidos y de “consumo tradicional”, aparecen todos estos con nombres y marcas que hasta ahora desconocíamos.

¿O acaso siempre estuvieron allí, con producción tímida, limitada al arrinconamiento de un monopolio del gusto?

Hay un mito —que sin querer queriendo hemos ayudado a construir— y reza: todo lo que se consume en Venezuela es hecho en el extranjero; todo es importado.

Nada más alejado de la realidad.

Si uno se acerca, con pesquisa numérica y apenas voltea el envase, frasco, paquete, bolsa, cualquiera que sea el recipiente contenedor de nuestra preferencia, hallará no solo el Hecho en Venezuela, sino su granero de origen en el país profundo.

Harinas, azúcar de diferentes presentaciones (refinada, pastelera), arroz, café y agregue usted alguno de los productos que tiene en casa —que se llevó “porque fue lo que encontró”— tendrá marcado nombres de estados de todo nuestro territorio.

Es sorprendente enterarse de la gran cantidad de productos que hacen, empaquetan y distribuyen desde muy cerquita de donde uno se encuentra.

No es mentira aquello de nuevos empresarios y emprendedores que crecen en tiempos de “crisis” y “escasez”; la ausencia inducida de productos ya fijados en el imaginario del consumo de nuestra población encontró la horma de su zapato.

Es decir, si no consigo lo que quiero lo buscaré así sea con otro nombre.

Valga la cuña: si no consigo la estadounidense Cheez Whiz –hijo de la Kraft que cotiza acciones en la bolsa de New York— bien me sirve un marabino Dalvito, también queso para untar. Queda de más decir, venezolanísimo.

Valga la cuña: si no consigo cualquiera de los productos de Proter & Gamble –también del país del norte— puedo apelar a los cientos de productos de aseo con sello local.

No es difícil definir quien vende más o cuál se prefiere si se compara la cantidad de poder publicitario que tiene una y la otra, pero esa es discusión de otro costal.

Esto no ocurre solamente con la papa. También el modo de resolver la pinta, los accesorios y demás gusticos tienen sus hacedores. Ya se asoman diseñadores de modas, zapatería y demás.

También es cuento para otra ocasión.

El olor y los sabores son cuestión de costumbre, de hábito, de la familiaridad que ya establecimos a través de años con su consumo impuesto. Es cuestión de tiempo para que las multinacionales con plaza hecha desde hace décadas en nuestro país sean desplazadas por un mercado 100% de sello nacional.

Es tarea pendiente del Estado y de las cámaras de producción privadas estimular la producción y distribución de la producción de estas pequeñas y medianas empresas, además de presentar, publicitar, promocionar y destacar en la opinión pública a los cientos de emprendedores y emprendedoras que en todo el territorio nacional le han plantado cara a la crisis, incluso aquellos que no son nuevos, que tienen años disputando el “territorio del gusto” con las grandes empaquetadoras de la maquila transnacional.

En este tiempo está muy fácil definir a los enemigos de los consumidores y demás actores del drama de la “crisis” y la “escasez”. Por un lado el que oculta su producción porque el Estado no le facilita los dólares que le permiten perpetuar la inflación impuesta, por el otro el que aparece mostrando muchas cosas hechas con sus propias manos y en su propia moneda, en su propia tierra.

Pruebe usted y vea con otros ojos el paisaje del supermercado, bodegas y quincallas. Ojee pasillos, aparadores, estantes y demás repisas.

Vaya y revise. Verá lo nuevo y lo viejo, las cosas que necesitamos y las que no, aquellas que están por un extraordinario esfuerzo y las que se compran afuera y se etiquetan aquí, las que faltan por una macabra intención y las que no.

¿Sabría reconocerlas?

Decálogo para tiempos difíciles

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10 bastan…

 1.- Espere lo peor siempre para estar preparado.

2.- Estimule la indignación constantemente; con la amnesia de algunos, con el vecino que maltrata a su mujer; sume usted a esta lista ¿Qué le indigna?

3.- Creer y creerse la revolución más allá de lo que la historia y los partidos  nos han enseñado que son las revoluciones, no como una moda más en la sociedad de masas, sino como manifestación cambiante, dialéctica, un estilo de vida.

4.- Asegure una estabilidad económica fuera de las instituciones públicas y privadas que le permita seguir subvirtiendo y profundizando las luchas, sean cuales sean las circunstancias; desde tareas dirigidas, sembrando, con la microempresa, la mediana empresa, vendiendo jugos, café, libros, dulces, arreglando teléfonos, la imaginación da para todo; sume usted a la lista ¿Qué sabe hacer?

5.- Estudie, fórmese. Siga estudiando. Tenga una formación integral técnica.

6.- Planifique en un corto, mediano y largo plazo, en la familia, trabajo, amigos, estudios y militancia para la toma de los espacios de acción.

7.-Tome por asalto los espacios en donde se toman decisiones, contribuya a modificar lo que deba ser modificado, caracterice las contradicciones que sean necesarias para reconocer los elementos que distorsionan y así depurar lo que deba ser depurado.

8.- Crear y creer en lo colectivo como forma de acción, en el nosotros y su poder transformador, recomenzar desde abajo con métodos de trabajo que aseguren victorias tempranas.

9.- Nunca haga silencio. Debata y escuche, asuma lo que de deba ser asumido, guardando en el bolsillo una fe racional por los proyectos de aliento histórico. Sea usted junto con los suyos los primeros en todo; cuidarse, acompañarse y reencontrarse siempre.

10.- Nunca permita la entrada a la desmoralización. Somos animales morales, por lo tanto dependemos de esa mística para permanecer completos y completas. Y sobre todo nunca olvide que somos del bando de la paciencia histórica, de proyectos y luchas largas.

Individu@s necesarios para agravar una crisis

Tomado de AQUÍ
1.- El simplificador de oficio que tiene forma de boca alargada y se da alardes de sabiondo de la comarca. El que se hace eco de los rumores, el mismo que encuentras en las busetas, en las colas, en los semáforos, en las aulas del liceo, universidades, escuelas, iglesias, en la esquina, en el bar, en el juego de dominó y en el perro calientero, que a pesar de su minoritaria cantidad, es capaz de generar un clima de intranquilidad y pesimismo.
2.- Los pelabolas que revenden a los pelabolas y se han vuelto los dráculas del barrio, queriendo chuparle la sangre a todo el mundo. Los guiseros, raspacupos, los que ven televisión todo el día y los de el espacio sideral que les pertenecen a las drogas.
3.- Los que se niegan a dar clases porque no les alcanza el sueldo. Pero que ignoran por completo el de María la heladera de la escuela que tiene a su hijo estudiando y con los zapatitos rotos.
4.- Los corruptos y chulos de allá y de acá que se burlan de la gente, acaparando, desviando y contrabandeando productos subsidiados por el Estado.
5.- El guardia el policía y el militar que se prestan para el matraqueo.
6.- Los que alquilan y revenden el apartamento, o la casita que le dio el Estado como forma de inclusión social y de igualdad humana para hacer de todos todo. Pero que hacen de esto, nada.
7.- Los que pretenden vivir para siempre de los chinos, árabes, colombianos y matasanos. Los que buscan eternizarse en las colas y se niegan a buscar la comida en la tierra.
8.- Los que buscan construir el socialismo científico con el voluntarismo y la espontaneidad, ignorando el método, leyes y principios del trabajo de dirección en el socialismo.
9.- Los acostumbrados al asistencialismo que cierran el paso de las calles porque tienen 3 horas sin agua, mientras cacerolean y queman cauchos.

 

10.- Aquellos que creyeron en el “cambio” y en la manito peluda que les saco el dedito grosero porque prometió villas y castillos y que ahora se preocupa más por llevar a Luis Chateing a hacer su programa a la asamblea nacional y a Nacho el de mi cachorrita mamá! para que diga unas palabras por el día de la juventud, que cierran los ojos mostrando el dedito grosero a los que los apoyaron.

Nuestra razón

El fascismo tiene su escuela de mentiras
—Abre los ojos, despierta.
Fueron las últimas palabras de un taxista después de traerme al departamento. Calculo que tenía alrededor de unos 40-45 años, le acababan de entregar el carro; Álvaro y yo apenas estábamos subiendo, al momento dijo:
—Estos chavistas están perdidos. Maduro dijo que ganarían las elecciones como sea.
De inmediato reconocí el tono burlista de sus palabras y le hice señas a Álvaro para no confrontarlo. El hombre portaba una energía fatalista y confusa que llegaba a perderse en un arroz con mango de los muchos disparates que decía, entre ellos la afirmación de que el gobierno es el generador de la escasez, como si a un gobierno que pretende mantenerse en el poder le conviniera tal cosa. Él mismo se preguntaba —¿Cómo reinaba la cerveza y como no se conseguía la harina? ignorando por completo la monoproducción por parte de empresas privadas como la Polar que deciden bajar los niveles de producción de alimentos, para aumentar la producción de licores. Ignorando la dura guerra a la que nos somete el empresariado apátrida. Insistía en que antes se conseguía de todo, entre otras cosas, ignorando por completo los niveles de adquisición de la sociedad venezolana, que en su mayoría hace una década eran mínimos comparados al presente. Para nunca olvidar: no todos tenían las mismas posibilidades, porque las riquezas no eran distribuidas entre todos, había muy poca o nula inversión social; es curioso pero en algunos sectores de la sociedad venezolana estos son los tipos de comentarios imperantes y que muchos de ellos, incluso, carecen de bases sólidas para su defensa.
Gran parte de estos comentarios por sencillos que son, denotan lo elaborados que están desde los laboratorios de guerra sucia, desde donde nace el rumor que será opinión más tarde.
 
En Nuestra América, desde el avance de los movimientos progresistas, la oligarquía ha estado induciendo estrategias de manipulación y de rumores sirviéndose de sus medios de comunicación como instrumentos de guerra y su principal laboratorio psicológico; la rumorología es utilizada para desestabilizar gobiernos como la Revolución Bolivariana, el Estado Plurinacional de Bolivia, o la Revolución Ciudadana en el Ecuador. Este fenómeno consiste en crear falsas matrices de opinión que contribuyen con el malestar y descontento; estos rumores no poseen ningún tipo de argumentos como justificarlos, siendo solo rumores basados en la premisa nazi de “una mentira dicha mil veces se convierte en verdad”, también podríamos recordar  aquel cuento de Gabriel García Márquez Algo malo va a pasar en este pueblo, que irónicamente refleja como a través de un rumor un pueblo es cómplice de su autodestrucción.
Es pues, fácil comentar, criticar, digerir, calificar y vociferar sin razonar sin al menos preguntar un por qué, lo que no es fácil es buscar la fuente de lo que se dice, ir más allá de lo impuesto por los medios de comunicación que son conducidos por minorías que trabajan en pro de sus beneficios, sin importar el daño que hacen a las personas que con fe ciega han dejado sus mesas y su acercamiento para ir a la cama y distanciarse del mundo frente a las pantallas.

 

¿Cómo explicarle todo esto a José que tiene altos niveles de alienación y de intolerancia? es muy difícil. No debemos perder el tiempo en convencer a los inconvencibles, ni en despertar a los del “sueño insomne”, debemos apostar a la juventud, para mostrarles, discutir y compartir la verdad histórica, nuestra razón colectiva, disipando toda esa energía fatalista que se intenta inocular en nuestra sociedad, para demostrar en esta próxima contienda la verdad verdadera y hacer irreversible nuestro proyecto país, nuestro proceso emancipador, nuestra revolución. Nuestra razón que es la razón de todas y todos.